Espacio virtual creado realmente por Nicanor Domínguez. Dedicado a la historia del Sur-Andino peruano-boliviano.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Las Tres Fundaciones de Puno

La triple fundación de Puno: 1573, 1668 y 1805.

El orgullo local de los puneños por la historia de su ciudad capital es de veras singular. Ya en 1982 el historiador cuzqueño José Tamayo Herrera reflexionaba que en ese entonces Puno era uno de los pocos departamentos peruanos que tenía su propia bandera y escudo. Éstos símbolos expresaban claramente ese orgullo “puneñista”, fruto y reacción quizás de la marginación y distancia respecto del centralismo de la capital nacional, tanto como de la cercanía boliviana y paceña, ya que el patriotismo parece siempre más intenso en las zonas de frontera que en otras partes de un mismo país. ¿Cómo así, pues, un limeño como yo tiene algo que decir sobre los orígenes históricos de la capital lacustre del Collao?

Desde noviembre del 2004 he venido publicando una serie de colaboraciones sobre la historia del Altiplano peruano-boliviano, y en especial de la Región Puno, en la revista Cabildo Abierto, que publica la Asociación Servicios Educativos Rurales (SER). Estos artículos parecen haber despertado cierto interés entre los lectores de la revista, sopecho que interesados en una revisión de la historia regional del Sur Andino que no se limite a una simple repetición de los temas ya conocidos a través de la enseñanza escolar o universitaria. Entre esos artículos, quisiera destacar los publicados en los números 2 (Nov. 2004) y 11 (Nov.-Dic. 2005) de la revista, dedicados al tema de la fundación de la ciudad (ver: http://laicacota.blogspot.com/2007/03/puno-1668.html). Éste segundo artículo fué escrito tras participar en un conversatorio sobre el tema, organizado en Puno por el SER y la Casa del Corregidor, el día jueves 3 de noviembre del 2005 (una versión de esta “Tertulia” está disponible en el portal de la Casa del Corregidor: http://www.casadelcorregidor.com.pe/tertulia_Dominguez.php). Estas experiencias me han ayudado a entender un poco más los comentarios de Tamayo Herrera sobre el orgullo local de los puneños.

Uno de los aspectos más problemáticos de este orgullo “puneñista” es la ambigua, casi obscura historia de la fundación de la propia ciudad. A diferencia de Lima, Arequipa, el Cuzco o La Paz, la ciudad de Puno no fue fundada durante la época de la Conquista en el siglo XVI, sino a mediados del siglo XVII, como forma de consolidar la ‘pacificación’ del Altiplano, luego de varios años de desórdenes entre grupos rivales de mineros españoles, conflicto causado por el control de la producción de plata de la famosa mina de Laicacota. Para complicar la situación, la ceremonia de fundación de 1668, hecha por el propio Virrey de la época, el Conde de Lemos, no ha dejado un rastro documental concreto, comparable a las Actas de Fundación de otras ciudades. Además, no fué en realidad la fundación de una “ciudad” --con un “cabildo” o consejo municipal presidido anualmente por los dos (2) alcaldes elegidos tradicionalmente en la época colonial--, sino la de un establecimiento de segundo rango urbano, una “villa de españoles”.

Es más, ésta villa se fundó al lado de una asentamiento colonial más antiguo, la “reducción” o “pueblo de indios” de San Juan Bautista de Puno, establecido en 1573. En una carta de enero de 1669 el capitán Manuel Coello, que había acompañado al Virrey, decía que la nueva población se ubicaba: “a una legua de las Minas, junto al Pueblo de Puno, de quien sólo se divide por un arroyo”. En una carta del Virrey Lemos de diciembre de 1668, así como por la mención a unas ordenanzas para la nueva población, parece que la “Villa de Puno” fue fundada el domingo 9 de setiembre de 1668. La Corona española otorgó la condición de “ciudad” a Puno 137 años después de la fundación ordenada por el Virrey Lemos, sólo en 1805 (por una Real Cédula del 14 de octubre de ese año, como lo ha demostrado René Calsín; ver: http://www.casadelcorregidor.com.pe/_biblio_Calsin.php). Si se quiere celebrar los orígenes del centro urbano actual, ¿cuál de esas tres fechas se debe elegir: 1805, 1668 o 1573?

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Para la celebración de las “Fiestas Patrias” de 1918, el Consejo Provincial de Puno organizó un concurso histórico sobre la fundación de la ciudad. Ese año se quería conmemorar el 250 aniversario de la fundación de 1668. El ganador del certamen fue un educador puneño todavía jóven (tenía 32 años), que estaba por graduarse de Doctor en Leyes en la Universidad de San Marcos de Lima, don José Antonio Encinas [1886-1958]. Su Historia de la fundación de Puno (publicada en 1924) combinaba los pocos datos históricos disponibles entonces con una tradición oral local sobre la riqueza y la tragedia de los hermanos Salcedo, los mineros andaluces que habían descubierto Laicacota en 1657 y que fueron reprimidos por el Virrey Lemos. Encinas estimó que, como la nueva fundación recibió el nombre oficial de “Villa de la Concepción y San Carlos de Puno”, la desconocida fecha exacta de la fundación debía ser la de la fiesta de San Carlos Borromeo [1538-1584], santo italiano canonizado en 1610, que se celebra el 4 de noviembre. Repárese que en 1918 el municipio puneño celebraba los orígenes de la ciudad el 28 de julio, durante las “Fiestas Patrias”. ¿Desde cuándo, entonces, se celebra la fundación en noviembre?

El “Día Cívico de Puno” fue establecido en sesión del Consejo Municipal de la ciudad el 16 de agosto de 1945. Fue entonces que, siguiendo la idea de Encinas, se fijó la fecha el día 4 de noviembre. Esta identificación se vió reforzada no sólo por la práctica de la celebración anual del “Día Cívico”, sino porque en 1968, para el 300 aniversario de la fundación ordenada por el Virrey Lemos, el director del Diario Los Andes, el recordado Dr. Samuel Frisancho Pineda [1918-2001], publicó nuevamente la versión escrita por Encinas en un número especial del periódico. Además, volvió a publicar la versión de Encinas en el primer tomo del Album de Oro de Puno (1970).

La iniciativa para tal efeméride debió provenir del grupo de intelectuales puneños reunidos desde 1941 en el “Instituto Americano de Arte de Puno”. Esta asociación cultural de carácter indigenista recreaba en Puno a la agrupación homónima establecida en el Cuzco en 1937. El “Instituto Americano de Arte del Cuzco” fue la organización que promovió el establecimiento del “Día del Cuzco” en 1942, celebración para la que se escogió el día 24 de junio, fiesta de San Juan, en rememoración del antiguo festival agrícola del “Inti Raymi”, practicado por los Incas más de cuatro siglo antes en torno al solsticio de invierno (22 de junio).

Pese a estos orígenes indigenistas del “Día Cívico de Puno”, la celebración siempre ha tenido, a mi modo de ver, al menos un punto contradictorio: si la idea de que la causa de todos los males que afligían a la sociedad peruana del siglo XX estaba en la Conquista española del Imperio Inca en el siglo XVI, y si el “credo indigenista” fue a mediados del siglo XX el de “regenerar” a la población rural indígena del país recuperando en parte sus tradiciones culturales no-occidentales, la celebración a partir de 1945 de un acto del gobierno colonial español como la fundación de 1668 (ocurrido en el contexto de la represión del conflicto minero en Laicacota), no deja de resultar --a quien considere críticamente estos presupuestos-- un punto efectivamente contradictorio. El rescate y valoración de lo indígena y lo local no puede lograrse a cabalidad sin aceptar la totalidad de la experiencia de la dominación colonial española de tres siglos en los Andes.

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Antes de la expansión Inca sobre el Altipano del Collao a mediados del siglo XV, la zona donde ahora se levanta la ciudad de Puno era parte del sector “Urco-suyo” del reino Colla (ver: http://laicacota.blogspot.com/2007/03/altiplano-del-titicaca-siglos-xiv-xvi.html). La Conquista española del Altiplano, iniciada en 1534 con la visita de los conquistadores Diego de Agüero y Pedro de Moguer al Lago Titicaca, se hizo sobre la región que los Incas llamaban el Collasuyo y que, por unos 80 años, habían modificado en función de sus propios designios imperiales cuzqueños. Por ejemplo, los Incas impusieron un sistema de caminos (“Capac Ñan”) complementado con postas (“tampu” o ‘tambos’) servidas por las comunidades cercanas a la ruta. En el camino de “Urcosuyo del Collao” uno de los tambos era el de Puno. Por otro lado, la población indígena del Altiplano (de los tres reinos Colla, Lupaqa y Pacaje), estaba compuesta por una mayoría que hablaba la lengua aimara y una significativa minoría que hablaba la lengua uro (un 25 a 30 por ciento del total de habitantes, tradicionalmente sometidos a los aimaras). La existencia actual de zonas del Altiplano con población indígena de habla quechua es fruto de un proceso de cambio lingüístico ocurrido durante la época colonial.

Los conquistadores españoles repartieron entre sí la mano de obra indígena conquistada siguiendo las divisiones y segmentaciones de la organización interna (dualidad, cuatripartición) de los grupos étnicos andinos. De los 35 sub-grupos poblacionales en que fue dividido el antiguo reino Colla, aquel que se ubicaba en torno a lo que hoy llamamos la Bahía de Puno fué asignado hacia 1535 por el Gobernador Francisco Pizarro al conquistador Francisco Gómez de Mazuelas, vecino del Cuzco. Las fuentes coloniales se refieren a este sub-grupo como un “repartimiento” o “encomienda” con el doble nombre de “Puno e Ycho”. Cuando en 1573 los funcionarios enviados por el Virrey Toledo a reasentar y concentrar a la población indígena del Altiplano en nuevos “pueblos de reducción” (las famosas “reducciones toledanas”) pasaron por la Bahía de Puno, registraron que los indios allí “estaban divididos en seis pueblos en distancia de tres leguas” (unos 15 kms.), sumando 4,705 habitantes (un 60% aimaras, con 4 caciques, y un 40% uros, con 2 caciques). Tras coordinar con esos 6 caciques o “kurakas”, los visitadores decidieron reagrupar o “reducir” a la población en sólo dos “pueblos nuevos”: el de San Juan Bautista de Puno y el de San Pedro de Icho.

Ambos pueblos fueron diseñados siguiendo el modelo básico de los asentamientos urbanos españoles en América, que facilitaba la defensa militar: un plano en cuadrícula, con calles perpendiculares extendiendose desde una plaza central de forma cuadrangular, como un “damero” o “tablero de ajedrez”. En torno a esta plaza central se construían los edificios públicos principales: la casa de la autoridad española local, el templo o iglesia, la casa del organismo municipal que administraba el asentamiento, y las casas de los vecinos más importantes. En Puno, la plaza central delineada en 1573 corresponde hoy al Parque Pino, y la iglesia parroquial del asentamiento colonial ha sido reemplazada desde 1876 por el edificio de la actual iglesia de San Juan Bautista, de estilo neo-clásico.

Sobre éstas tempranas fundaciones tampoco conocemos fechas mas precisas. Como debiera resultar evidente por el ejemplo del 4 de noviembre, no hay ninguna garantía de que la fecha de fundación de los pueblos de indios de Puno e Icho haya ocurrido en los días en que se celebran las fiestas de sus respectivos santos patronos (24 de junio para San Juan Bautista, y 29 del mismo mes para San Pedro Apóstol).

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Así, resulta que este año 2007 se cumplen 339 años de la fundación de la “villa” de Puno, 202 años de su elevación a “ciudad”, y 62 años de la creación del “Día de Puno”, los días 9 de setiembre, 14 de octubre y 16 de agosto, respectivamente. Además, el pueblo de indios de Puno fue fundado hace 434 años. Con todo, el 4 de noviembre es la fecha celebrada oficialmente.

¿Debería, entonces, cambiarse el “Día de Puno” al 9 de setiembre? Dado que la celebración en noviembre es parte de un calendario de festividades que tiene más de medio siglo de existencia, quizás la fecha deba mantenerse. Por otro lado, mover la fiesta al mes de setiembre la haría algo más equidistante de la otra gran fiesta puneña, la de la Virgen de la Candelaria (2 de febrero), pues se celebraría 7 meses después (y 5 meses antes). ¿Y qué decir del 14 de octubre? Eso es algo que, en mi opinión, sólo los propios puneños y puneñas deberán evaluar y decidir.

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Nota: Este artículo fue escrito para ser publicado en el diario Los Andes de Puno, en el número del 4 de noviembre de 2007, fecha de la celebración del "Día de Puno".

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1 comentario:

Yhiblo dijo...

La verdad que interesante, felicitaciones por que sin ser puneño esta quiza mas sumergido en el tema que nosotros los propios puneños.
Y en verdad este articulo nos hace analizar debemos seguir festejando el 4 de Noviembre día de Puno.