Espacio virtual creado realmente por Nicanor Domínguez. Dedicado a la historia del Sur-Andino peruano-boliviano.

viernes, 30 de marzo de 2007

Laicacota 1668




• Fotos del Cerro Cancharani, visto desde la Bahía de Puno, tomadas de VirtualPeru.Net y PeruHotel.Com (por Guy Sydor).

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¿Qué pasó en Laicacota en 1668? (Parte I)

La llamada “rebelión de Laicacota” o “rebelión de los hermanos Salcedo”, tuvo como epicentro esta famosa mina de plata, ubicada entre los cerros al suroeste de la actual ciudad de Puno. Es bien sabido que el propio Virrey Conde de Lemos viajó desde Lima a restablecer personalmente el orden colonial en esta parte del Sur Andino. La historia ha sido contada varias veces por distintos investigadores. Sin embargo, y pese a saberse con bastante detalle lo ocurrido en Laicacota entre 1665 y 1668, subsiste la pregunta más importante: ¿cómo explicar lo que ocurrió? Es sobre éste tema, cómo es que se ha tratado de explicar la causa de estos eventos, llamados en su época “los sucesos de Puno”, que se desarrolla la segunda colaboración del historiador Nicanor Domínguez en Cabildo Abierto.

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El ‘boom’ minero de Laicacota (1657-1668) originó una serie de conflictos armados que afectaron el Altiplano del Titicaca y repercutieron en todo el virreinato peruano a mediados del siglo XVII. Distintos grupos residentes en Laicacota se enfrentaron en dos momentos clave: primero, mineros mestizos desafiaron infructuosamente a las autoridades y mineros españoles (1660-1661); en un segundo momento, la rivalidad entre mineros españoles de diverso origen peninsular (vascos, o norteños, contra andaluces, o sureños) produjo una situación de desgobierno tal que llevó al Virrey Lemos a dirigir personalmente la campaña militar que restableció el orden colonial en el Altiplano (1665-1668).

En la propia época los grupos en pugna por el control de la mina elaboraron explicaciones opuestas y contradictorias al respecto de las causas de la violencia que los enfrentaba. Primeramente, los documentos que han sobrevivido no incluyen testimonios directos de los mestizos sublevados en 1661, sino las críticas y comentarios adversos de sus enemigos. Por ello, entender las motivaciones de estos sublevados es difícil. Lo que resulta claro es que las autoridades del virreinato tomaron muy en serio la amenaza de una posible sublevación masiva de mestizos en el Sur Andino. El conflicto entre vascos y andaluces, por el contrario, produjo una gran cantidad de documentos, incluyendo textos impresos por representantes y defensores de ambos bandos, destinados a influenciar a las autoridades tanto del virreinato (en Lima) como a la Corona española (en Madrid).

En 1668 los “sucesos de Puno” fueron presentados interesada y contradictoriamente. Los vascos denunciaban que los andaluces, aliados peligrosamente con los mestizos, habían desobedecido --incluso traicionado-- la autoridad del Rey y atacado a su representante, el corregidor de Paucarcolla. Los andaluces, por su parte, rechazaban tal desobediencia, arguyendo la falta de imparcialidad del corregidor y su visible favoritismo por los vascos como causa del conflicto. El Virrey Lemos (1667-1672) hizo suya la interpretación de la comunidad de mineros y comerciantes vascos en el Perú. Así, encarceló a Gaspar de Salcedo y juzgó e hizo ejecutar a su hermano Joseph, considerados los líderes del bando andaluz “rebelde”.

En las siguientes décadas del siglo XVII, y durante el siglo XVIII, la interpretación de los “sucesos de Puno” cambió. Los escritores coloniales dejaron el tema de la “amenaza mestiza” fuera de sus relatos (Mogrovejo de la Cerda, Peralta Barnuevo, Esquivel y Navia, A. de Ulloa, M. de Paz). Este aspecto de los conflictos de la década de 1660 quedó olvidado y así tampoco lo mencionan los viajeros del siglo XIX que pasaron por Puno y recogieron información local sobre los Salcedo y la riqueza de Laicacota (E. Temple, C. Markham, E.G. Squire, E. Middendorf).

En la década de 1920 dos de los mas importantes intelectuales puneños del siglo XX escribieron acerca de los orígenes de la ciudad, haciendo inevitables referencias a la “rebelión de los Salcedo” y al Virrey Lemos. José Antonio Encinas [1886-1958] en su Historia de la fundación de Puno (Puno, 1924), y Emilio Romero [1899-1993] en su Monografía del Departamento de Puno (Lima, 1928), comentaron algunos aspectos del conflicto ocurrido en Laicacota. Sin embargo, no lo hicieron en base a documentos del siglo XVII, sino a partir de los datos incompletos de algunos de los autores ya mencionados, así como inspirados en la tradición oral puneña, centrada en la inicial fortuna y posterior infortunio de los ricos mineros Salcedo.

Es interesante notar como las preocupaciones contemporáneas a estos autores influyeron en sus interpretaciones del pasado. En el siglo XVIII el tema del antagonismo entre peninsulares y criollos fue trasladado al siglo XVII, mientras que en los años 20 el tema del conflicto entre el centralismo de Lima y el descentralismo en provincias fue extrapolado también a Laicacota.

Sólo entre las décadas de 1940-1960 es que historiadores profesionales se dedicaron a estudiar el tema de Laicacota usando documentos de archivo, especialmente los del juicio a los Salcedo, que se encuentran en el Archivo General de Indias en Sevilla, España. El enérgico Conde de Lemos, que en 1668 sometió a los Salcedo y en 1670 propuso abolir la mita a Potosí, atrajo el interés de tres de los más importantes historiadores peruanos del siglo XX, quienes escribieron sendas biografías suyas: Jorge Basadre [1903-1980] en 1945-48, Guillermo Lohmann (nacido en 1915 [y fallecido en nov. 2005]) en 1946, y el padre Rubén Vargas Ugarte [1886-1975] en 1965. Con estos estudios los temas de la “amenaza mestiza” y del conflicto vasco-andaluz han vuelto a ser parte central de cualquier intento de explicar los “sucesos de Puno” durante la década de 1660.

• Publicado originalmente en: Cabildo Abierto (Puno), núm. 3 (Diciembre 2004), pp. 12-13.

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¿Qué pasó en Laicacota en 1668? (Parte II)

Los estudios de Basadre (1945-48), Lohmann (1946) y Vargas Ugarte (1965) constituyen la “historia tradicional” sobre Laicacota. Gracias a ellos sabemos qué ocurrió en la década de 1660 en el Altiplano puneño, aunque las explicaciones dadas a los procesos históricos que confluyeron en esta conflictiva coyuntura nos puedan parecer hoy insuficientes. Otros investigadores han ampliado lo que sabemos al respecto. En esta segunda parte de su artículo para Cabildo Abierto, el historiador Nicanor Domínguez presenta las investigaciones más recientes sobre el tema.

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Un segundo grupo de historiadores profesionales elaboró una interpretación de carácter regional sobre la llamada “rebelión de Laicacota”. Primeramente, el historiador boliviano Alberto Crespo, en su Historia de la ciudad de La Paz, siglo XVII (Lima, 1961), conectó los “sucesos de Puno” con el motín de mestizos ocurrido en La Paz en diciembre de 1661. Por su parte, el historiador cuzqueño José Tamayo Herrera, en su Historia social e indigenismo en el Altiplano (Lima, 1982), propuso una periodización de la historia regional centrada en Puno. Aunque Crespo trabajó en archivos españoles, ni él ni Tamayo utilizaron información de archivos locales en Puno o La Paz, lo que limita sus aportes en cuanto a nueva información histórica.

Junto con estos estudios regionales de historiadores bolivianos y peruanos, hay que mencionar otro tipo de “estudios regionales” producidos por historiadores españoles del País Vasco y Navarra, a partir de documentos enviados desde el Perú en 1665-1668 y hoy preservados en archivos de Tolosa y Pamplona. Autores como F. Idoate (1966, 1979), J.M. Oreja Reta y C. Maiza Ozcoidi (1991), y J. Andrés-Gallego (1992), poco conocedores de la historia colonial Andina e influidos por el nacionalismo vasco del siglo XX, han escrito breves ensayos que terminan repitiendo los mismos argumentos -en favor de su fidelidad al Rey y sobre los abusos de los andaluces- que los vascos y navarros de 1668 utilizaron para convencer al Virrey Lemos hace tres siglos.

Estudios más recientes, dedicados específicamente a la “rebelión de Laicacota”, han intentado re-interpretar lo ocurrido en base a una nueva lectura de documentos del Archivo de Indias (Sevilla) y utilizando un marco de análisis socio-económico. El historiador español Antonio Acosta (1981), revisando los trabajos de Lohmann y Crespo, ha insistido en las vinculaciones entre Puno y La Paz a inicios de la década de 1660, planteando una interpretación marxista de los conflictos de Laicacota: las motivaciones económicas y de clase fueron para él más importantes, en última instancia, que los conflictos étnicos entre españoles y mestizos. Por su parte, la historiadora norteamericana Meredith Dodge escribió su tesis doctoral sobre el tema (Universidad de Nuevo México, 1984). Ella proporciona la reconstrucción más detallada de lo ocurrido en Laicacota entre 1665 y 1668, enfatizando el conflicto entre grupos rivales de mineros andaluces y vascos (un conflicto al interior de la élite minera de Laicacota).

Por desgracia, los trabajos de Acosta y Dodge fueron escritos ignorando la existencia el uno del otro, lo que impidió la posibilidad de un iluminador debate en torno a “los sucesos de Puno” (dado el caracter opuesto y mutuamente excluyente de las explicaciones de ambos historiadores). Sin embargo, lo que es más lamentable es que la investigación de Meredith Dodge todavía no ha sido publicada, ni siquiera en inglés, lo que impide una adecuada valoración de su importantísima tesis doctoral.

Desde los años 70 y 80 un nuevo grupo de investigadores del período colonial andino empezó a trabajar temas del siglo XVII, especialmente el proceso demográfico indígena (el español N. Sánchez Albornoz), el funcionamiento de la mita minera en Potosí (los norteamericanos P. Bakewell y J. Cole, y el argentino E. Tandeter), las migraciones y el reacomodo de las comunidades indígenas producto de la mita a Potosí (el francés T. Saignes), y la activa participación indígena como transportistas en las redes comerciales coloniales (el peruano L.M. Glave). Estos estudios nos proporcionan el contexto dentro del cual se deben entender los “sucesos de Puno” de la década de 1660.

El tema de Laicacota ha entrado a formar parte, aunque tangencialmente, de las preocupaciones de algunos de estos especialistas. Luis Miguel Glave, siguiendo la interpretación de Acosta, ha analizado brevemente el conflicto de los años 1660 a 1668, minimizando el rol jugado por los mestizos, pero incorporando la ambigua participación de algunos caciques indígenas en estos eventos. Por el contrario, Thierry Saignes [1946-1992] empezó a re-evaluar el rol de los mestizos en estos conflictos, aunque su prematura muerte impidió que continuara en esta línea de investigación. Ambos historiadores, hay que resaltarlo, trabajaron tanto en archivos españoles como en archivos del sur peruano (especialmente Glave en Cuzco) y de Bolivia (en Sucre), lo que les ha permitido proponer una visión más rica y compleja del siglo XVII en el Sur Andino.

• Publicado originalmente en: Cabildo Abierto (Puno), núm. 4 (Enero 2005), pp. 12-13.

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¿Qué pasó en Laicacota en 1668? (Parte III)

En esta tercera parte de su artículo para Cabildo Abierto, el historiador Nicanor Domínguez discute la llamada “rebelión de Laicacota” a partir de sus propias investigaciones en archivos y bibliotecas peruanos, bolivianos, españoles y estadounidenses. La nueva interpretación de “los sucesos de Puno” que Domínguez propone requiere ampliar tanto el período (las tres décadas comprendidas entre 1650 y 1680), como el área de estudio (todo el Sector Norte del Altiplano Surandino).

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La llamada “rebelión de los hermanos Salcedo” corresponde estrictamente hablando a los cuatro años del violento conflicto vasco-andaluz ocurrido en la mina de Laicacota (1665-1668). Sin embargo, la mina experimentó una ola anterior de violencia debido a las quejas de mineros mestizos quienes, expulsados y refugiados en La Paz, se amotinaron en esa ciudad, regresando luego a atacar Laicacota sin éxito (1660-1661). Una periodización más adecuada de los procesos étnico-demográficos, socio-económicos y políticos que ayudan a explicar más satisfactoriamente lo sucedido en ambas coyunturas debe considerar los treinta años transcurridos entre 1650-1680, como parte a su vez del “largo siglo XVII andino” (iniciado en la década de 1570 y que llegó hasta las de 1720-1730). Por otro lado, los “sucesos de Puno” afectaron en realidad a todo el Sector Norte del Altiplano Surandino, comprendido entre las ciudades del Cuzco y Arequipa, por el norte, y La Paz y Oruro, por el sur. Es en el contexto de esta más amplia perspectiva espacio-temporal que propongo llamar “crisis de Laicacota” a la explosiva combinación de los cuatro procesos históricos siguientes.


I- El proceso de evasión indígena respecto de la mita de Potosí, de casi dos y medio siglos de duración (1572-1812), estuvo conformado por tres estrategias principales:

(a) migración a otras comunidades altiplánicas para asentarse como “forasteros”, inicialmente libres de tributo y mita;

(b) migración para asentarse como trabajadores agrícolas permanentes en las haciendas de las tierras bajas, o como trabajadores urbanos, convirtiéndose en “yanaconas” o servidores de amos españoles; y

(c) asentamiento de ex-mitayos en Potosí como “mingas” o trabajadores mineros especializados.

Una cuarta estrategia, no estudiada hasta ahora, es el doble proceso de “mestizaje no biológico” y de “descorporatización” ocurrido a mediados del siglo XVII, que combina elementos de adaptación cultural (uso de traje español, corte de pelo, bilingüísmo quechua-castellano o aymara-castellano) y de abandono de la vida comunal ‘corporativa’ (pérdida de lazos familiares y de acceso a tierras y recursos, pero liberación de obligaciones coloniales: tributo y mita). Este doble proceso explica la presencia de numerosos mestizos en el Altiplano, zona que tanto antes como después de la “crisis de Laicacota” se ha caracterizado por su mayoritaria población indígena.


II- El gran ‘boom’ minero de Potosí (ca.1575-ca.1635) fue seguido por un siglo de estancamiento productivo (décadas de 1630 a 1720); lo mismo ocurrió en Oruro, un ‘boom’ (1605-1650) seguido de un largo estancamiento (1650-1730). Sin embargo, Potosí permaneció como el centro logístico y financiero que proveía a los otros centros mineros del extremo Surandino (Porco, Chocaya, Lipes, Carangas). Estas minas se hallaban bajo la jurisdicción fiscal de Potosí, lo que ayudó a mantener las actividades económicas de la ciudad. El ‘boom’ de producción de plata que comenzó en 1657 en Laicacota --al igual que más o menos efímeras bonanzas mineras previas en Oruro (1605), Caylloma (1628), Chocaya (1633), San Antonio de Esquilache (1650) y Lipes (1647)-- atrajo a empresarios y trabajadores mineros (especializados o no) de todo el Sur Andino. Estas recurrentes migraciones laborales a minas que eran explotadas por sólo algunos años, produjeron condiciones de vida inestables entre trabajadores indios y mestizos (tanto mestizos biológicos como mestizos no biológicos), las que ayudaron a desarrollar una “identidad mestiza” entre éstos trabajadores tan altamente móviles.


III- Durante el siglo XVII la composición de la migración española hacia América cambió. En el siglo XVI la mayoría de los migrantes eran del sur del reino de Castilla (andaluces, extremeños, castellanos nuevos). Durante el XVII la migración de vasco-navarros, articulada a través de redes transatlánticas de mercaderes, mostró una tendencia a competir y enfrentarse cíclicamente con el “establishment” colonial, compuesto mayormente por los descendientes de españoles del sur llegados en el siglo XVI. Este conflicto entre redes comerciales rivales, organizadas en torno a lealtades regionales de origen peninsular español, tuvo un siglo de duración en los Andes y se expresó violentamente en Potosí (1622-25), Caylloma (1629-30), Chocaya (1634-36), Carangas (década de 1640), Lipes (1648-50 y 1695), San Antonio de Esquilache (década de 1650) y Laicacota (1665-68), todos pujantes centros mineros que en su momento constituyeron la fuente principal de la riqueza que éstas redes comerciales trataban de monopolizar violenta y excluyentemente.


IV- En la segunda mitad del siglo XVII el virreinato peruano sufrió una aguda crisis fiscal, efecto de:

(a) la masiva falsificación de moneda de plata en Potosí durante la década de 1640;

(b) la política de estabilización monetaria (“baja de la moneda”) de la Corona española, iniciada en 1650, para retirar de circulación la moneda defectuosa;

(c) la contracción de las transacciones mercantiles durante la década de 1650 en todo el imperio español producto de la estabilización monetaria; y

(d) la evasión tributaria en los centros mineros Surandinos mas productivos durante las décadas de 1650 y 1660, y su contrabando hacia Europa a través del puerto de Buenos Aires.


A mi entender, la combinación en Puno de estas cuatro tendencias de largo y mediano plazo, que afectaron todo el Sur Andino durante el “largo siglo XVII”, explican la violencia desatada durante la “crisis de Laicacota” entre 1650 y 1680.


• Publicado originalmente en: Cabildo Abierto (Puno), núm. 5 (Febrero-Marzo 2005), pp. 12-13.

• Ver: http://www.ser.org.pe/index.php?option=com_remository&op=ListarDocumentos&id=4&inicio=0

2 comentarios:

D. Mesa dijo...

Muy lograda la nota. Siempre me interesaron los conflictos etnico-sociales del alto Perú colonial. Especialmente los enfrentamientos vasco-andaluces y la participación mestiza e indigena en éstos. No sabía de la existencia de conflictos menores en otros lugares, además de los de Potosí y Laicacota, gracías por la introducción.

Un saludo desde Andalucía de un futuro colega en la investigación histórica.

Anónimo dijo...

quien fue la indígena que dio como dote laicacota a su novio josé salcedo.